amor desde el frente

escrita por Sibuna dedicada a Antonia

lunes 10 febrero 2014    5.00 corazones

Mi querida  Antonia,  ayer me llego tu carta, cinco hojas de sentimientos que agitaron lo más profundo de mi ser, entre otras cosas me decías que me amabas y que sabías que pese a no haber recibido ninguna carta mía estabas segura que yo te habría escrito, pero que por algún motivo no te habían llegado, estás en lo cierto mi amor, te he escrito cada semana desde hace dos años cuando subí a ese tren en la estación del norte, pero cada día te he hablado y escrito en mi mente, juntos hemos pasado nuestro cumpleaños, aniversarios y festivos, tu allá y yo aquí pero las hemos pasado juntos en mis sueños.

Cada semana en mis cartas te contaba mis penurias, mis lamentos, mis añoranzas, cada carta era un mar de lágrimas y añoranzas, y no sabes lo feliz que estoy de que no te llegaran, de que no perturbaran tu ya de por si complicada situación,  porque después de recibir tu carta, con tus palabras y esperanzas, el sol volvió a brillar como lo hacía en nuestros paseos por la playa de la malvarrosa, como lo sentíamos cuando al salir de la fábrica estabas ahí esperándome para ir juntos al centro.

Amor cada día he pensado en nuestro cachorro, lo imaginaba así, un cachorrito del que no sabía su sexo, dejarte estando en cinta ha sido la más dura de las situaciones que me ha tocado vivir y sinceramente espero no tenga que pasar una situación asi otra vez en mi vida por que no se de donde salieron las fuerzas para soltar tu mano en aquel anden, estar aquí sin saber si mi bebé era Juan o Juana ha sido un verdadero tormento, ahora que sé que es Juan, se me sale la sonrisa sin quererlo, me alegro tanto de que no tenga conciencia de lo que estamos viviendo a su alrededor, de la tristeza y locura en la que estamos inmersos.

Como no te han llegado las otras cartas, te resumo estos dos años de guerra, UN INFIERNO, en verano por el calor sofocante, en invierno por el frío y la nieve, y a todas horas por las penurias, la hambruna y la desinformación, solo llegan rumores, corre ve y diles, y supongo que verdades a medias, mientras, aquí caminamos, hacemos trincheras, y de tarde en tarde la sangre y los disparos tiñen de rojo nuestros ojos. Nos llegan rumores de bombardeos en el norte que han arrasado poblaciones enteras, de fusilamientos masivos, de agujeros donde tiran los cuerpos de prisioneros fusilados, desde aquí las cosas son en primera persona y puedes estar tranquila no quiero desesperes y pienses que todo lo que se oye me pasa a mi.

Mi amada, aquella tarde que Don Carmelo, el farmacéutico, nos llamó a su casa para avisarnos de la guerra ni tu ni yo imaginamos lo que quería decir, él nos avisó de buena gana ya que era de los pocos con radio en la calle, ahora lo sabemos, esto es peor que cualquier cosa que pudiéramos vivir, tu soledad, tu criar a nuestro hijo sola, el tener que estar en el pueblo para que no te falte la comida y yo aquí fusil en mano, luchando contra otros como yo, simplemente porque están al otro lado. Antonia, esa tarde debí abrazarte más fuerte, debí besarte como lo hago en mis sueños, y debí exhalar tu olor con más intensidad, pero no sabía que esto duraría tanto tiempo, no sabía lo que nos esperaba, no era consciente en ese momento de lo feliz que me siento a tu lado y sobre todo no sabía  que por tantas noches lloraría por no haberte dejado un mejor recuerdo del que te ama. Dicen que es de hombres no llorar, pero como no voy a hacerlo cuando las circunstancias me apartan de aquello que más amo, de aquello que a cada segundo anhelo?

Te cuento una anécdota, aquí todos odian a los curas, y muchos de los que duermen a mi alrededor queman y saquean las iglesias que nos encontramos, y lo hacen sin saber que entre nosotros hay un cura al que han obligado a venir al frente, lo sacaron de un convento y me contó que le obligaron a quemar su sotana, y a vestirse de soldado, coger el fusil y venir al frente, creo que soy su único amigo, una tarde me vio rezando a escondidas, rezaba por ti y por el bebe, rezaba por poder verte pronto, y apareció él, fue como un ángel de la guarda que me lleno de paz, te cuento esto en secreto y espero que esta carta no la abran antes de llegar a tus manos, que cada vez que salimos al frente, y cada vez que mis disparos pueden quitar alguna vida, él me da la confesión esa noche y duermo algo mejor, porque sé que Dios entiende que mis disparos siempre intento vayan altos o bajos, al lado o al otro pero no quiero ser yo quien mate algún hermano, algún padre, algún hijo, que como yo ni entienda ni acepte esta guerra.

Amor mío cuando puedas hazle llegar el agradecimiento a tu tía Lola, gracias al primo Martín estuve el primer año algo más alejado del frente, el vagón donde nos dijo que me subiera se encargó del rancho y durante meses los disparos los oí de lejos, dale las gracias, dile que Martín antes de morir pensó en ella y que aquí era muy querido por todos, una pena la neumonía pero murió rodeado de amigos que lo apreciaban, supongo ya llegaría su cuerpo y lo habréis podido enterrar en el cementerio de Jalance.

La verdad que aquí aprendes a vivir con la muerte, casi te diría que el olor a muerte se mete en la nariz y te acompaña día y noche, el otro día salimos de ronda en unas zonas montañosas en busca de grupos sublevados, y encontramos un lago, era un lugar realmente hermoso y dejamos la guerra a un lado para meternos en el agua, dejamos nuestros uniformes y fusiles y nos bañamos en esas aguas, durante unos minutos acariciamos los recuerdos de tiempos de paz, pero al volver a ponernos el uniforme volvió ese olor a mi nariz, y noté en el rostro de los demás compañeros que ellos también habían vuelto a la realidad, a nuestra realidad.

Aquí todos están muy nerviosos, hace dos noches cinco compañeros se desaparecieron del campamento, no se a dónde irían, pero dicen que han desertado, desertar es que ya no quieres seguir en la guerra, y se van, a donde? No lo se, por que si yo me fuera sería a tu lado, pero rápido me encontrarían, supongo ellos pasarán al otro lado, al otro bando a los sublevados, si los encuentran antes de que lleguen al otro bando, los fusilarán, y si ya es duro matar a alguien en el frente, hacerlo con quien has compartido penurias debe de ser la peor de las experiencias que puede vivir un soldado, pero es que estos de las siglas no se andan con chiquitas, así que mejor es quedarse quitecito y tratar de pasar esta maldita guerra, soñando en poder volver a verte, y ver al pequeño.

Te cuento que al general que manda aquí le llaman el Campesino, y la verdad prefiero no verlo ni de lejos, es un hombre demasiado despiadado, no sabes la de compañeros que hemos tenido que dejar en el camino por su actuar demasiado decidido. Su gente siempre que salen de reunirse con él salen convencidos de que van a ganar esta maldita guerra, y no se dan cuenta que cuando se acabe no habrán vendedores ni vencidos si no un pueblo aniquilado, se alegran cuando ven pasar a los aviones alemanes y mientras todos corremos a escondernos de sus metrallas, ellos sonríen pensando que gracias a esos fascistas lo rusos van a mandarnos un ejército de verdad a reconquistar España como hiciera el cid con los moros.

Hace unos meses, llego a nuestro destacamento, un muchacho que estaba muy triste, parece ser que entraron en un pueblo para tomarlo a sabiendas que los moros lo tenían bajo su control, habían detectado el número de soldados que habían y por la noche entraron y pasaron por las armas a todos los hombres que guardaban el pueblo, el muchacho era uno de los efectivos que tenían que hacer el trabajo sucio, al salir el sol vio que su hermano al que hacia cinco años no veía ni sabía nada de él estaba muerto, estaba en el bando alcista y desde entonces casi ni hablaba, lo destinaron con nosotros, por que parece que su padre conoce al campesino, pero a la tercera noche de estar con nosotros, se colgó en un árbol cercano. Esa es nuestra realidad, no luchamos contra otros sino contra nosotros mismos, no es la sangre de otros la que derrama si no la nuestra propia.

Bueno mi amor, no sigo con mis penurias que tu tienes las tuyas, pero si te digo que mi corazón late por ti, y que tengo pensado lo que haremos cada domingo de aquí a que me muera, porque no pienso morir en estas trincheras, si no a tu lado, ya viejo y después de ver crecer a nuestros hijos y nietos, amor debemos olvidar esta guerra y jamás dejar de sonreír porque esa será la verdadera victoria del pueblo, superar este martirio y que cada cual logre reanudar su vida allá donde la dejo y de donde nunca, ningún salvador de la patria, debería de habernos sacado, y mucho menos movilizado nadie para parar a los moros, esta guerra no es la nuestra esta es la suya y será la más odiada, por eso ese rencor debemos enterrarlo con los muertos en las trincheras y reconstruir el país desde cada casa, desde cada familia.

Te quiero y espero estar pronto contigo, esta carta te llegará seguro, el Miguel, va para allá, el muy loco saco el brazo desde una trinchera para ver si lo herían y poder ir a casa, y lo consiguió, sin mano, pero lo consiguió, espero no se le gangrene en el viaje a Valencia. Dale un beso muy fuerte al pequeño, y no le hables de la guerra, no le hables de buenos y malos, sino del campo, de los animales, dile que tiene un padre que piensa a diario en él y que pronto, muy pronto iré a jugar con él. Te mando una foto que nos tomaron aquí a mi y un grupo de compañeros, fue un fotógrafo ruso que vino y estuvo retratando el día a día en el frente, al irse me dio una foto y la guarde hasta que pudiera mandártela.

 

Con mucho cariño, desde el frente de Teruel tu amado Pepe.


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