Alto -al fuego- y ven

escrita por Vanellope Von Schweetz dedicada a a tu sonrisa

jueves 12 febrero 2015    2.40 corazones

Creo que puedo imaginarte, incluso palparte. Te veo frente a mí, con el ceño fruncido y media sonrisa dibujada, intentando recordarme y con un cúmulo de sensaciones pidiendo turno en tu garganta.

Sí, soy yo. Soy esa que se enamoró como una loca, y como una loca se largó.

Hace ya mucho tiempo que rondas por mi cabeza… trece años para ser exactos, justo los veranos que nos llevamos.

Pensé en escribirte, pero no sabía cómo hacerte el amor con las palabras. Por más que te dibujaba con frases –cortas o largas- no aparecías. No apareciste ni en la cocina, ni en el sofá, ni en la ducha, ni en la cama… ¿Fuimos dos cabezotas confundidos o realmente desapareciste para no volver?

Luego tanteé la posibilidad de que fuera un juego, a ver quién aguantaba más el pulso.

También me convencí que las reglas eran no verse hasta mis treinta y dos… y aquí estoy.

“Feliz cumpleaños, Sara”

Hace ciento sesenta días que te busco, Jesús. Pero empiezo a cansarme de este pilla-pilla sinsentido. No me dejaste ninguna pista, ningún camino a seguir, no me repartiste baraja alguna. Y aquí estoy.

Hoy lanzo mi último comodín al aire, para espolvorear el tiempo que nos separa, para cerrar tan fuerte los ojos que pueda verte aquí conmigo, diciéndome que he ganado, que te he ganado.

Y si no te llega a ti, le llegará un ramo de rosas rojas y esta carta al resto de hombres que se llamen como tú me hacías gemir.

Son unas cuantas rosas más del primer matojo de flores que te pude regalar, pero las náuseas y el temblor con el que lo mando sigue siendo el mismo, o incluso atrevería a decirte que es mayor conforme se acerca San Valentín.

Lo sé… tú siempre me decías que San Valentín ha de ser todos los días, pero te prometo que he soñado en cada tipo de luna con este aniversario, porque te buscaría a mis treinta y dos, con tus treinta y dos.

Y juro, que si decides llamar a mi puerta, te haré el San Valentín con luna llena, y luna ausente. Truene, llueva o sonría luz por todos los recovecos que las sábanas nos desvele.


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