ALGÚN DÍA DIRÉ QUE TE AMO

escrita por Barquereño dedicada a Pilar

sábado 1 febrero 2014    3.00 corazones

Mi querida Pilar, esta es una carta a dos:

Te sueño, estoy cansado.

Te amo. El estar sin ti me trastorna, pero no quiero resultarte molesto y dar lugar a que acabes por echarme la culpa de que tus trabajos no avanzan, de que la vida es difícil cuando un insistente enamorado sigue escribiendo cartas de un amor no sosegado. Sólo quiero que tú no olvides que siempre pienso en ti, que siempre te espero, que no existe para mí nada más que tú y, de momento, unas asignaturas más o menos odiosas que debo aprobar como aquel estudiante que todo lo aprendió en los libros pero que, también, todo lo olvidaba al pensar en su amada. Te envío un sobre con algunas cartas que he ido escribiendo y que no te había mandado. Quiero que confíes en mí para hacerme a la idea de confiar en ti durante mucho tiempo.

Repito: te amo.

Había unas piaras de cerditos. Iban volando de flor en flor. Y las florecillas se doblegaban bajo su peso agudo. Y era primavera. Y la gente se amaba. Y yo pensaba en ti únicamente, deseando que también pensaras en mí. Y, como digo, era primavera. Y había algunas mariposas encima de los árboles o sobre los rosales. Y abejas rondando el polen mas codiciado. Y una sonrisa nacía entre los abedules y los chopos. Era tu sonrisa. Y era primavera. Y luego venían los cerditos a querer comerse las flores. No eran precisamente cerditos del Líbano sino nacionales. Yo pensaba en ti y había unos pececillos con alas que querían jugar con otros pececillos ligeramente azules, transparentes. Y era primavera. Y había burritos amarillos entre los sembrados repletos de amapolas. Y yo pensaba en ti porque era primavera. Lo demás no importaba.

Y yo te amaba.

Hoy es un descarado día gris. Tal vez sea gris porque no pude estar contigo. No quisiera robarte mucho tiempo. Por eso me alegro cuando te llamo por teléfono y me dices que has estudiado mucho, que has aprovechado bastante, que todo va bien, salvo nuestros besos pendientes, etc.

Yo, siempre, espero.

De repente, tenía ganas de que fuera invierno y de caminar a solas por las calles más tristes de Madrid.

Te miré a los ojos. Simplemente te miré a los ojos.

Hay algo en ti que me impulsa a ser sincero. Decididamente me gusta Albert Camus. Bueno, no Camus sino el mundo que él supo crear, maravillado, magnífico,  por esa capacidad de situarnos ante cuestiones reales y problemas que están cerca de nosotros. Tenía una idea hace tiempo apuntada en algún lugar. Tal vez escriba esa historia, pues sigo apuntando cuestiones y, también, escuchándote tal vez para poner un poco al día mi ya algo atrasada cultura.

Luego será primavera. Casi siempre, luego, es primavera.

Quiero decirte que ya no soy indómito, que sé pasar las tardes sin ti, siempre que eso sea una esperar para poder estar después contigo. Y estarlo muchas tardes, siempre.

Sé que a veces te molestan mis insistencias. Pero sólo deseo que nos comprendamos mejor aunque, la verdad, es que nos llevamos bastante bien. Y, por ahora, no me quejo de nada, salvo de tus reiteradas, aunque justificadas, ausencias,.

Parecerá una insolencia que te siga enviando estas cartas. Pero están escritas para ti, pero soy tan infantil que me creo en el deber de enviártelas; no me parece correcto romperlas, en todo caso debes romperlas tú, hacerlas trizas, convertidas en insignificantes cometas que puedan surcar los cielos del olvido. Y los otros.

Pero desde mañana cada carta que escriba la pondré enseguida en el buzón. Observo, no obstante, que cada día mis sentimientos son más lógicos, más razonables, menos primarios. Tal vez por eso soporto bastante mejor esas reiteradas ausencias. Realmente pienso que nadie es feliz. Cada vez me gustan menos las mariposas, aunque se empeñen en volar cerca de mi ventana y me recuerden tanto a tus preciosos vestidos de flores y a tu cándida risa de muchas tardes. Lo que sucede es que la gente no sabe que no es feliz. Por eso continúa viviendo como si hubiera algo por lo que valiese la pena seguir viviendo. De acuerdo, yo mantengo mi esperanza. Pero pienso que todo es demasiado negativo, demasiado sin solución. Y a veces me resulta algo inútil continuar, andar por ahí dando vueltas, esperando una palabra amiga, buscando una frase cariñosa , sin que nadie me haga caso, sin que nadie se preocupe de preguntarme cómo estás o dónde quieres ir. Lo verdaderamente cierto es el momento (en) que vivamos, lo que nos está ocupando. Y en algunos momentos no hay nada que pueda devolvernos la alegría, que nos traiga esa felicidad más filosófica que real a que aspiramos los humanos, enamorados o no..

Por eso lo importante es no dejarse convencer por la parte triste de la vida, y seguir en la ruta pese a todas las dificultades que se puedan presentar.

Algún día diré que te amo.

 


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