Al mejor hombre

escrita por Janeth dedicada a Segundo Camino González

lunes 1 febrero 2010    3.80 corazones

Al  mejor  hombre

 

Al único hombre que nunca me ha fallado. Las cartas de amor no siempre son para los amantes, esta es para un amor incondicional, para el mejor hombre del mundo mí padre.

Recuerdo tantas cosas, que no sé como agradecerte tantos años felices, tantas enseñanzas, y tantas discusiones. No logré entender hasta hace unos pocos años cuán grande era tu amor por mí, porque aunque físicamente no hemos estado siempre lejos, nuestros espíritus contradictorios se separaron un tiempo, pero aun así siempre supe me amabas y te amaba.

Quiero agradecerte tantas cosas, que no sé por dónde empezar, has sido el mejor del mundo, has sido para mí todo, el ideal a seguir, mi héroe, mi príncipe encantado, y algunas veces, muchas mi conciencia guiándome a través de las tinieblas.

Como voy a olvidar  como siendo pequeña me llevabas a montar a caballo y me decías, “no tengas miedo agarrarte fuerte y no pasará nada, los caballos no te harán nada”. O las horas infinitas de playa, la que no te gustaba y donde acababas rojo como un camarón por enseñarme a nadar, todo porque tu amor es infinito, lo lograste papá me enseñaste a nadar en el agua y en la vida.

Recuerdas como  me enseñaste a disparar tu escopeta, para mi eras el mejor difícilmente fallabas un tiro y yo quería ser como tú, quería te sintieras orgulloso de mi siempre, y tome con fuerza en mis manos la escopeta que para ese entonces era igual de grande que yo, y tú me decías,” cuidado te puede sentar cuando dispares, tienes que pararte firme con los pies uno delante del otro y apoyar bien, con fuerza, firme, con seguridad”, pero eso no era lo más importante, me enseñaste a respetar la naturaleza y a que un arma nunca se empuña para agredir a un ser humano, tú quizás ni lo sabes, para ti quizás solo fue una anécdota, pero para mí fue enseñanza de vida porque aprendí a ver las cosas desde otro punto de vista.

Recuerdas como me enseñaste a jugar a las cartas, estabas enfermo, pasabas los días enteros sin moverte en cama, yo no entendía que te pasaba, solo quería llegar a casa del colegio para jugar contigo, entonces aprendí algo más que jugar a las cartas, aprendí la responsabilidad, porque para ti esta es básica en la vida, imprescindible para ser hombres de bien, y vi como maltrecho por el dolor te levantaste para dar la cara en tu trabajo por un accidente que no era culpa tuya sino de tú sustituto, pero que por estar cubriendo tú puesto te resulto ineludible, y suspendiste operación y levantaste con dolor, porque para ti las personas son más importantes que tú mismo, porque no conoces el egoísmo ni cuando es necesario.

Cuantas cosas aprendí de ti, las lecciones más grandes de vida me las diste tú, no la universidad ni la calle, ni los estudios, tú, solo tú amor me enseño a ser persona.

En mis años más difíciles como adolescente no estuviste todo el tiempo y entonces comenzaron nuestras diferencias, pero como no tenerlas, tú naciste en la postguerra, viviste opresión y hambre, yo nací cuarenta años después en las tecnologías, la democracia y la revolución femenina, tú eras de las mujeres en su casa, sin llegar a ser machista, pero las mujeres en casa, y yo era de liberación femenina, independencia , autosuficiencia, de aprender viviendo, hoy sé tenias miedo de que el mundo me hiriera, y si, claro que sí me hirió, pero papá me habías enseñado muy bien, a separar lo bueno y lo malo, por eso siempre disfrute sin ser libertina, y sin meterme en problemas, tú me enseñaste a ser responsable  a saber beber, a saber decir no y a no dejarme llevar por lo que hicieran los demás, tú nunca lo has sabido, pero siempre tenía tus consejos conmigo; pero un día en una discusión ya no recuerdo ni porque, seguramente porque salía mucho de fiesta, te herí, te herí en lo más hondo, fui directo al corazón sin pensarlo, sin tener compasión, lo entendí años más tarde cuando obtuve el titulo por el fin de mi carrera, con él en las manos y con casi veinticuatro años vi las cosas claras, mis palabras fueron, “tú nunca estas en casa papá, no me conoces porque no te ha dado la gana, solo estas aquí los fines de semana, no sabes nada de mí”, así termine la discusión y tú no hablaste más, claro que no me conocías bien, pero no porque no quisieras, sino porque trabajabas toda la semana fuera de casa, sacrificando el estar con tu familia para darme una carrera, para pagarme los estudios, para hacer de mi lo que tú no habías logrado ,ser una profesional, pero claro los adolescentes no vemos más allá de nuestras narices y yo en vez de acercarme a ti, me aleje , me seguí yendo de fiesta o al cine.

Por todo eso papá te quiero pedir perdón, pero sobre todo quiero darte las gracias, gracias por hacerme la mujer que soy, gracias por ese amor inmenso que me tienes, por haberme forjado una personalidad como la que tengo, por hacerme fuerte ante la vida, no fuiste médico, ni ingeniero, ni siquiera tienes un bachiller, pero eres un sabio, sabes muchísimo y todo lo que sabes me lo has enseñado.

Papá nunca te he dicho te quiero, por eso te lo dijo ahora, aunque sea en una carta, es la manera que tengo de darte un pequeño homenaje, me di cuenta de lo inmenso de mi amor por ti cuando murió mi madre, porque en ese momento te vi llorar, nunca te había visto llorar papá, ese día te vi perdido y solo, me di cuenta que solo nos teníamos el uno al otro y que nunca te había dicho te quiero, y mi alma se quebró , por eso quise volver a tenerte.

Padre sé que mis agravios seguramente no los recuerdas, y también se que cada logró mío para ti ha sido un gran triunfo, porque me tienes una amor aprueba de cualquier cosa, el amor que solo le tienen los padres a sus hijos, ese inquebrantable y solido.

Papá te amo con todas mis fuerzas, nunca deje de hacerlo, solo me escondí, y te dijo que la cosa más hermosa que me ha pasado es poder verte disfrutar de mi hija, ver como sonríes como hace tanto tiempo no lo hacías, ver como una pequeña personita saca de ti tanta alegría, verla a ella en tu regazo es verme yo hace unos años atrás y ser feliz como lo era, olvidándome de todo lo demás.

Papá siento que haya pasado tanto tiempo para decir dos palabras tan simples, pero como alguna vez leí, no aprendemos a ser hijos hasta que somos padres, y es sencillo, lo entendemos porque nos duelen los hijos, entonces sabemos lo que dolíamos a nuestros padres, entendemos el tantas veces repetido por ustedes, todo lo que hago lo hago por tu bien, pero eso solo se aprende con los años,

Solo me queda decirte o mejor dicho repetirte que te amo con locura, que doy gracias a Dios por tenerte en mi vida porque hayas sido mi padre y por haberme hecho quien soy.

Papá te quiero, y siempre  estás en mi corazón.

Janeth Camino Abelenda.


En esta web utilizamos cookies, tanto propias como de empresas colaboradoras, para obtener datos estadísticos de la navegación de los usuarios, lo que nos permite mejorar la información y la publicidad que te mostramos y adaptarla a tus hábitos de navegación. Si continúas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Más información