Adiós...

escrita por Dämon dedicada a Annabel

domingo 5 febrero 2017    2.62 corazones

Adiós, mi vida. 

Espero que no me odies por empezar esta carta con una despedida, pero me he permitido ser algo dramático solamente porque estoy seguro de que esta carta nunca llegará a tus manos, que estas palabras nunca verán tus ojos ni rozarán tus oídos.

Solo por esa razón me atrevo a empezar esta epístola de una manera tan despreciable como un adiós definitivo... No, miento descaradamente.

La verdad es que habría empezado de la misma manera aun si tuviera la mínima esperanza de que mis palabras llegaran a ti. Pero no la tengo.

Sé que mis palabras jamás llegarían a ti, incluso si te las gritara al oído o te las metiera por los ojos. Tanto así se ha reducido mi existencia desde el momento en que me abandonaste, y dejaste que muriera. 

Probablemente esa fue la verdadera razón por la que me dejaste en primer lugar. Quizás siempre detestaste secretamente el hecho de que fuera tan dramático. No lo sé, nunca me lo dijiste. 

Ha pasado tanto tiempo desde que me abandonaste, tanto desde la última vez que supe de ti que ya no tengo idea de cómo luces ahora. Ya no sé qué cosas te hacen reír o qué mano buscas cuando quieres llorar, si es que alguna vez quieres hacerlo. 

En otras palabras, ya no sé nada de ti: no te conozco.

Es por eso que esta caótica misiva no va dedicada a ti, mi desconocida amada, sino a la Annabel del pasado, aquella que alguna vez me amó y con la que sigo soñando todas las noches.

Y solamente te escribo porque hay una cosa que quiero decirte. 

No quiero decirte que sé que en algún momento dejarás de amarme y me abandonarás, eso ya te lo dije muchas veces antes.

También te dije muchas veces que, a pesar de ser consciente de ese inevitable destino, yo te seguiría amando hasta el último suspiro de mi existencia.

Y hoy, a unos pocos instantes de dar mi último suspiro, solo quiero decirte que te sigo amando.

Sé que no estás leyendo esto y por lo tanto no te importa en absoluto.

Pero dediqué toda mi vida a ti, y mis últimas palabras no iban a salvarse.

 

Para Annabel, el recuerdo de ella, el fantasma que quedó cuando me dejó morir.

Te amo. Te amo mucho. 

 

Siempre tuyo...


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