A MI SUEÑO...

escrita por CASIOPEA dedicada a Mi sueño

jueves 26 enero 2017    2.50 corazones

Jamás supe tu nombre, aunque lo inventé con cada una de las letras del abecedario en mil crucigramas sin sentido. En mi mente ya existías como una burbuja de oxigenado y dulce veneno, alimentando ese espacio donde la cordura y la tropelía se miran a los ojos retadoramente para medir sus fuerzas. Nuestras citas clandestinas, que  en un principio comenzaron siendo fugaces y casi casuales, al cabo de los días, se convirtieron en una nocturna costumbre, un deseo carnal y ardiente de mi alma, concedido por la varita mágica del noctambulo subconsciente. Llegaste sin un aviso previo y con ese lúbrico disfraz que visten los sueños anteriormente meditados, saboreados, ensayados,…dejando al despertar un licor ácido en la puerta de mis labios al rememorar esa casi tangible estampa en sepia de tu piel derramada sobre mi cuerpo.

Tras la sinrazón de los más recónditos deseos y la caprichosa inspiración de un descerebrado poeta, emerges cada noche entre la marejada de pliegues de mis sabanas, como un velero donde no me importa naufragar una y otra vez. Perderme, en ese océano en que la ternura se enreda en mis redes para hacerme llegar al fondo misterioso e indecente de tu pecaminosa silueta. Sucumbir a la perdición de la tentación más dulce y enigmática que jamás ancló mi sentimiento en las hondonadas donde se halla hoy, y de las cuales ya no puedo regresar.

Me subo a tus ojos con cada mirada, como a ese tren que no quiero perder, sin más equipaje que el de un mendigo de amor que lucha por sobrevivir a un nuevo día entre tus brazos. Te juro pleitesía en cada beso y me rindo a tus pies en el embeleso de sentir la melodía que tu voz escribe en las partituras en blanco de mi piel. He aprendido a tocarte con mis ojos, a desnudarte con el pensamiento que sin tacto te aborda en cada rincón, para perecer en tu cuerpo, donde invento cada noche un nuevo pecado capital y me condeno si cabe un poco más a ese fuego eterno que arde en las profundidades de tu ser. Tengo memorizada cada constelación de pecas que como  pequeños puntos de luz, de llama pasional, derriten la cera de mi cuerpo para fundirse en un manantial de besos, caricias de estraperlo y arrebatadas tempestades que los vaivenes de tu piel de locura mecen a su antojo.

Querido sueño, no quiero despertar en este duermevela que cada madrugada me acuna, no quiero alargar la mano nuevamente encontrando el vacío que tu marcha dejó en mi almohada. ¿Por qué no pactamos con la realidad una tregua? Ya es hora de rozarte, de medirte beso a beso, de latirte al compas de las olas de tu cuerpo, destrozando el dicho aquel de “...y los sueños, sueños son”.

Te amo.


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