A Irene

escrita por Anibalowsky dedicada a Irene Marente

sábado 7 febrero 2015    2.56 corazones

A Irene

 

Otra vez ha caido sobre mi la pesada e impenetrable noche, otra de este gélido invierno. Una de tantas en la que penetro sin querer que llegue el alba, que me traerá de nuevo la luz del día que todo lo destapa. Quiero que esta noche sea sagrada y eterna, y en ella permanecer con tu recuerdo, tu hermoso, pleno y puro recuerdo, en el que apareces ante mi como una resplandeciente Diosa carnal, una desconocida, olvidada desde antiguas civilizaciones. Que te aparezcas ante mi calada con el dulce velo de seda traslucida del ensueño, sentirte tan cerca de mi, postrada a mi lado, en mi lecho, que nos transformemos en dos seres unidos por la respiración, la que nos damos el uno al otro en infinita curva de Moebius. Me imagino tan cerca de ti que puedo sentir el roce de tu suave, dulce y exquisita piel, que huele a vida y sabe a mar salada en noche de luna llena.

Pero me encuentro  sólo con mi deseo, el cual me quiebra el alma en una constelación de cristales rotos.

Hace ya casi un año que me despedí de ti, allá en la lejana Germania, casi un año ya, pero parece que fue ayer. Entonces me separé de ti e inicié mi largo viaje de retorno a través de la vieja Europa, hasta  Iberia, mi casa, la tuya también; aquejado de lo que los antiguos llamaban el mal de la melancolía. Pero aun así conservaba un pequeña y fulgurante llama, oculta en lo más profundo de mí, una imperecedera que se llama Esperanza , la de que en un día maravilloso y radiante , en el corazón del verano , me vuelva a reunir contigo bajo un bosque  de pinos, a la orilla del Mediterraneo, ese cálido mar, tan dulce como tú. Y una vez allí sentir el sensual aroma de tus salvajes cabellos revuelto, mezclado con el de la brisa del mar, cogerte de tu leve mano  y confesar lo mucho que te amo y deseo, cosa que no fui capaz de hacer cuando a la orilla del inmenso lago de Herrsing rechazaste mi pasional y sincero beso. Pero aun de tu rechazo, volví a sentir la valentía en mi interior , la cual me hizo retornar a la vida que me estaba arrebatando la depresión. Mi deseo y amor hacia ti hizo que la rigidez y el bloqueo a las que estaba sometido mi alma y corazón empezaran a resquebrajarse y con ello comenzar a sentirme de nuevo en el mundo que me rodeaba y del que yo formaba parte. Y si, por supuesto, tu tuviste que ver la mayor parte en mi despertar, ya que gracias a ti el invierno que habitaba en mi interior torno a la primavera que nos rodeaba en  pleno mes de mayo, mi mes predilecto. De nuevo sentí el amor como hacía tiempo que no lo sentía, el amor por mi, por la vida, por lo que me rodea y por ti, por ti, por ti, por ti, por ti, por ti. Volvía a creer de nuevo en el hombre y en la mujer, y en que cada uno de los dos son la parte de un todo, que de algúna manera nos une plenamente cuando nos deseamos y amamos.

Por ti haría lo que fuera, iría contigo al lugar que me pidieras, me arrancaría el corazón con mis manos y te lo entregaría aun candente y latente. No tendría otro motivo para vivir más que amarte.

 Te he querido tanto en secreto que todo parece un sueño del que desperté bruscamente, pero del que recuerdo todo, cayendo de bruces con una realidad que no me gusta ni deseo. Pero aquí  estoy, lejos de ti, la rueda de la fortuna volvió a girar y de nuevo me premió con la soledad. Pero es curioso, el hecho de que me rechazaras sacó aun más lo mejor de mí y me hizo recuperar lo único que se quedó dentro de la  de Pandora. Y aunque me gustaría depositar mi corazón petrificado junto a tu recuerdo en una caja de fino lapislázuli, me es completamente imposible, ya que la herida ya está abierta y no sé  si alguna vez dejará de sangrar.

Pero no haré ninguna locura, no, yo no soy el joven Werther, aunque si soy un hombre profundamente pasional que un sus frías, largas y solitarias noches de invierno anhela el cariño, los dulces besos encendidos en pasión y lujuria, acariciar tu sensual melena, tus duros pechos , notar el venenoso sabor dulce de tus labios y descifrarte de madrugada lo que  mis sueños me muestran.

Irene, mi vida, mi niña, mi morita, mi amor, mi leonina, mi Leonor de Aquitania….., has llegado más adentro de mi de lo que me podía permitir, y con ello abriste de par en par las infinitas puertas de la perfección, aquellas de las que hablaban Huxley y Blake, la que nos hace perfectos, totalmente plenos y conscientes. Por ello no hace falta que estés a mi lado para que te sienta, para que te haga el amor, ya que lo que siento por ti es tan fuerte , pleno e inmenso que ha superado las leyes físicas y empíricas de esta dimensión, para hacer posible que en noches como esta me reuna contigo en algún lugar que sólo existe en lo más profundo de mi alma, en un apacible y precioso claro de bosque, iluminado por una lánguida, onírica y fantasmal luna azulada. Y allí, desnudos, unir nuestros cuerpos para volar libres por siempre  cuando nos hayamos transformado en dos gotas de rocío, que al despuntar el alma se evaporen con el calor del sol.


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